septiembre 10, 2015

Crónica masoquista






Siempre que me preparo para una Carrera como la de ayer (10 km), conforme se acerca la fecha empiezo a fantasear.

Hago un paréntesis para aclarar a que me refiero con “preparo”, no desde luego a un programa elaborado de actividades físico-atlético-psicológico; sino más bien a subirme a la corredora de banda y aguantar lo más que pueda, así de fregón es mi entrenamiento.

Mi fantasía consiste en imaginarme que el día de la carrera, por alguna suerte de alineación cósmica voy a amanecer más fuerte y veloz que Usain Bolt, y que además, a los 300-400 corredores que van delante de mí, les dará una especie de diarrea causada por Gatorade en mal estado.

Y digo una especie y no una diarrea en forma, porque tampoco se trata de ir por ahí patinando en la calle.

Me veo avanzando imparable, con estilo perfecto y respiración acompasada, pasando a toda velocidad a los sorprendidos punteros.

Es como en el cuento de Gibran Jalil Gibran “La zorra”.

Una zorra miro su sombra al amanecer y se dijo:
-        Hoy me comeré un camello.
Y se pasó toda la mañana buscando camellos. Pero al mediodía volvió a mirar su sombra y se dijo:
-        Bueno, creo que me conformare con un ratón.”

A mí me pasa lo mismo que a la zorra, pero en vez de llegar al mediodía, a mí me sucede en los primeros kilómetros de la carrera.

Para darles una idea del recorrido a los que conocen la ciudad, la carrera inicio en la Plaza de la Mexicanidad (Mexinaquidad), saliendo de poniente a oriente por la Pérez Serna hasta llegar a San Lorenzo, de ahí a la derecha para tomar la Paseo Triunfo de la Republica, y de ahí, hasta la lejanísima Avenida de las Américas, para subir al norte, hasta la Hermanos Escobar, y de ahí seguir por la Lincoln, subir al puente libre, bajar el puente y llegar a la espantosa X de Sebastián.

Mi mediodía llego a la altura de San Lorenzo.

-        San Lorencito, se que no eres santo de mi devoción, pero que por favor ya vayamos en el km 8.

Pues no, apenas íbamos en el 2, ahí es donde decidí que por esta vez no pondría en evidencia a los kenianos y me conformaría con terminar la carrera.

A partir del km 5, mi cuerpo siempre se desdobla metafísicamente hablando, y las piernas empiezan a hablar con el cerebro, supongo que por efecto de las endorfinas segregadas durante este acto de masoquismo voluntario.

Piernas:
-        Creo que descansare unos metros, total, no sería el único que va caminando en la carrera.

Cerebro:
-         No, no te puedes detener, apenas vamos a la mitad, además el que va caminando es practicante de caminata, y aparte va delante de ti.

Piernas:
-        Creo que no podre dar un paso más, estoy empezando a sentir calambres y creo que me van a tronar los tobillos si sigo adelante.

Cerebro:
-        Tonterías, siempre sientes lo mismo y nunca pasa nada, son los músculos nuevos que están creciendo, así es como se esculpe el cuerpo de un corredor.

Entre el km 5 y el 6, todo desaparece por un momento, nadie habla ni se queja, hemos pasado de la mitad y ya no hay marcha atrás.
Después del km 7 el cerebro entra en modalidad Miguel Ángel Cornejo (QEPD).

Cerebro:
-        Vamos, vamos tu puedes, ya falta poco, si podemos.

Piernas:
-        ¿Podemos?, si cabrón, como se ve que tú vas arriba y nosotros abajo.

Cerebro:
-        Yo también me canso, tengo que ir atento al recorrido, si me descuido seguro se van por otro lado o toman atajos, el cerebro de Madrazo lo hizo en Berlín y ya ven como le fue.

-        Vamos, vamos, tú puedes, démosle alcance a los kenianos, que se note tu sangre Rarámuri.

Piernas:
-        No seas mamón, los kenianos hace media hora que llegaron a la meta.

Cerebro:
-     Ok olvida a los kenianos, enfócate en rebasar al que va delante de ti en este momento.

Piernas
-        Va en silla de ruedas.

Cerebro:
-        Y dale con esa actitud negativa, por eso ustedes están abajo y yo arriba, loosers.

Cerebro:
-        Tú no les hagas caso, mira tengo una idea, corre junto a esa jovencita Tarahumara, al menos así tendrás oportunidad de salir en la foto y te verás solidario con la raza indígena.

Piernas:
-        Suena bien el plan, si no fuera porque la joven va como alma que lleva el diablo, creo que no le interesa estrechar vínculos interculturales, ella se lo pierde.

-        Ahora si viene la nuestra, viene la subida del puente, ahí podremos pasar a unos cuantos, con nuestra capacidad para mantener el mismo paso incluso en subidas…háganse a un lado tortugas y caracoles.

-        Se acabó la nuestra, ahora viene la bajada y nuestra incapacidad para acelerar en pendientes…hola de nuevo tortugas y caracoles.

Cerebro:
-        Vamos, vamos, ya falta poco, ya puedo ver la hermosa X, guarda energía para el cierre.

Piernas:
-        Eso me hubieras dicho antes, la energía la gaste en el arranque y en discutir contigo.

Cerebro:
-        Bueno, olvídate del cierre, tan solo pon un pie delante del otro, piensa en cerveza, cerveza, cerveza.

Y así, por fin mi motivador cerebro y mis quejumbrosas pero resistentes piernas llegamos la meta una vez más.

Lo volvimos a hacer, no nos comimos un camello, tampoco un ratón por cierto, pero la promesa de la cerveza siempre funciona, es un hecho frio, obscuro, palpable y paladeable, la razón de todas mis carreras, mi camello del amanecer.

Los kenianos pueden dormir tranquilos por esta vez, ya habrá otra oportunidad para humillarlos; al menos en mis fantasías.

Septiembre 6, 2015
Carrera Internacional de la amistad 2015.

PD.

Quede en el lugar 476 con un tiempo de 58:10

4 comentarios:

TheJab dijo...

Arrogante bastardo.
Perdón, es que me dio antojo.

Juan Carlos Bujanda dijo...

Precisamente esa es la imagen en la meta.

Alexander Strauffon dijo...

Jamás me he aventado una carrera o maratón, incluso cuando hacía ejercicio, el correr no era una de las actividades. Pero es sin duda una chinga. Mucho mejor estar mentalizado así, para que se pueda lograr.

Kiko Sinclan dijo...

"Parece que no le interesa estrechar lazos interculturales" jajajaja
Me he reído mucho con tu relato, será también por cercanía temática: soy atleta desde crío y te puedo confirmar algo: Aunque gane, la sensación sigue siendo la del ratón (y la cerveza, o lo que se tercie, nos empuja a todos al final. Un abrazo!

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